Arte Pancarta

Revista de Arte

La parabola del Sastre y la Apreciacion del Arte

Publicado por artepancarta en Mayo 8, 2008

Cuenta una vieja fabula acerca de un sastre que fue contratado por un rey para que le hiciera el traje que luciría el día de su cumpleaños. Por circunstancias que en este caso no interesan mencionar, resultó que el sastre se vió en la incapacidad de cumplir con el encargo del rey y llegando el día en que debía de entregar el traje, tuvo que recurrir a una idea que no deja de ser ingeniosa y para fines de este análisis, propicia para describir una actitud arraigada en una conducta programada del ser humano con respecto al arte. Con destreza en su forma de exponerlo, el sastre logró convencer al Rey que le había confeccionado una obra maestra en belleza, moda y logro científico: un traje invisible, el cual además de esta característica totalmente maravillosa, era un instrumento que permitía medir la inteligencia y el conocimiento de todo aquel que lo observara. En pocas palabras, solamente el inteligente seria capaz de apreciar el traje, y aquel que careciera de inteligencia, terminaría no viendo nada, es decir, al rey en cueros. El rey, claramente, en su condición de soberano y ejemplo de altitud y virtudes intelectuales ante el pueblo, no podía menos que decir lo bello y gratificado que estaba con aquel trabajo que el sastre entregaba en sus manos. Es así como no pensando mas que en su propia inteligencia (la cual seguramente no era mucha) salió triunfalmente a las calles, y no pudo esperarse otra cosa que la risa de todo el pueblo, y con ellas, la consecuente humillación de su persona.

Tres elementos pueden desglosarse en este relato: primero el papel del sastre ( o supuesto creador) que ante la necesidad de encontrar una solución que lo salvara de morir por causas del caprichoso líder, pudo concebir la forma de tomar partido de aquello mismo que seria la causa de su desgracia: la mentalidad bruta y poco inteligente del rey. El segundo elemento es el mismo rey, que careciendo precisamente de una apreciación clara de su condición y la condición de los demás, no tiene otra opción que aceptar aquello que no puede refutar, ya que si bien es capaz de refutar cualquier otra cuestión referente a decisiones de poder y fuerza, aquellas que se le muestran abstractas y poco graficas le resultan difícil de analizar y se ve por tanto sin potestad para poder decidir sobre ello. Es por esto que toma la decisión confiando en sus súbditos y como único apoyo a su decisión pone de testigo a toda la corte. Con la corte llega el tercer elemento, y sobre este tercer elemento se da punto de partida a este estudio sobre un comportamiento discutible de la apreciación del arte. La corte, ante el miedo y el temor que supondría contradecir al rey, y de acuerdo a querer mantener su posición de lealtad y privilegios junto al mandatario, cede a la mentira que el sastre le ofrece y aprueba la decisión del rey, considerándolo inteligente en la opción que toma y además, llenándolo de adulaciones ante lo que no entiende y saben es una completa farsa. Muchas deducciones pueden tomarse de esta fabula, muchas deducciones y analogías aplicadas a muchas actitudes de la conducta humana en distintas condiciones y expresiones. En este caso, únicamente concierne la referente con la apreciación del Arte: La del observador de la obra de arte cuando se convierte en adulador de un payaso.

Poco, mucho o nada puede hablarse sobre la apreciación artística. Que es bueno o que es malo. Esto también considerando que el término bueno o malo no es un parámetro de valorización y menos de apreciación. En este caso solamente es un referente a la bipolaridad de la percepcion artística. Pueden deducirse elementos de carácter técnico y compositivo, matemáticos, o cromáticos, elementos que pueden ser medidos con parámetros objetivos y concretos, sin embargo, la obra de arte, es un objeto compuesto de dos naturalezas: La objetiva (que da lugar a su forma y apariencia la cual actúa hacia nuestros sentidos) y la subjetiva (el valor intrínseco de la misma que solo propone el creador y el apreciador) Una se vincula con la otra y viceversa. Y es esta ultima naturaleza ( la subjetiva ) la que ha sido causa de cualquier tipo de discusión a lo largo de la historia del arte: ¿Es o no es valida una obra de Arte? ¿Cuándo vale y cuando no vale una obra como elemento Artistico o expresivo? Siempre esta apreciación será relativa a quien la percibe. O al menos así debería serlo. Nunca podremos considerar una obra como la obra perfecta que pueda afectar a todos, de hecho, por lo general no es su fin, un objetivo masivo. Y además ¿tiene que ver su validación con la aceptación de una mayoría? ¿Qué parámetros habrían de tomarse por tanto para considerar la obra como una obra validada y no una obra invisible, un traje invisible? Se dejaran estas cuestiones como objeto de estudio mas adelante pues no es ese el objetivo de este análisis. No es el fin de encontrar principios que puedan medir este valor de la obra, pues desde el momento en que su valor se convierte en un valor subjetivo, pierde todo parámetro de medición por medio de elementos físicos y materiales con los que podríamos cuantificar y debe estudiarse desde otra perspectiva dirigida a la apreciación antropológica y metafísica de la misma

Ahora bien, sí vale la pena entender las figuras del sastre, el rey y el adulador como referentes de la actividad artística y dentro de ella la percepción de la obra. El sastre como el pintor, el rey como el medio de propagación de la obra y al adulador como el observador. Y es curioso pero de los tres, es el adulador quien mas desvirtúa el proceso cíclico del quehacer artístico, pues mientras el sastre y el rey persiguen objetivos claros y definidos ( en el caso del sastre su objetivo es vender la obra, el del rey, mantener su status de dueño y regidor del conocimiento y la apreciación artística ) el adulador por el contrario, únicamente obedece a un instinto cobarde, negándose a si mismo su derecho a la real apreciación de la obra, en aras de no ser despreciado y juzgado por el rey. ¿Quién es el rey? Esta pregunto puede contestarse con otra pregunta, para que el lector saque sus conclusiones ¿Quién exhibe y califica la obra como buena? ¿Quién ha tomado el derecho de decidir que es bueno para que los demás lo acepten como tal?

El adulador o falso observador de la obra sufre de dos defectos. El primero, radica en su limitado criterio de apreciación (integrado por cualquier razón existente) y el cual no viene al caso para este análisis si es justificado o no lo es. El segundo es su cobardía de aceptar su condición de desconocer o sentir la obra que observa. La simpleza por ejemplo de relegar esta tarea al rey y convertirse en adulador, aceptando lo que este diga aunque no lo entienda. Por ejemplo gustar de Picasso y considerarlo un artista que le mueve los sentimientos. ¿A quien le importa si un artista es bueno o malo? Lo que vale es la experiencia del observador ante la obra. Y este observador debe ser sincero con su apreciación sin dejarse llevar por apreciaciones ya definidas con respecto de la obra, como si únicamente existiera una forma de visualizar una composición artística. ¿Cuánto se ha escrito de los artistas? ¿Quién tiene la razón? ¿Puede acaso una sola persona o grupo de personas “eruditas” adivinar todas las emociones que una obra causará en el observador? Por lo general un análisis de la obra, desde el momento en que se reconoce el valor subjetivo del arte, no puede acaparar la atención del medio en general, pues limitaría y estrecharía su libertad. Y su universo de expresiones desaparecería hasta convertirse en lo que únicamente termina convirtiéndose la obra, un cuadro en un museo o un dibujo en una postal.

No es nuevo notar que la apreciación artística se convierte en muchas ocasiones en un juego de adulación que poco tiene que ver con la verdad sensible que debe acompañar al acto de observación de la obra. A lo largo de la historia, el acto de crear y transformar por medio de la creatividad una idea para que se convierta en materia observable y apreciable, ha causado la admiración de muchos y se ha convertido en un símbolo de virtuosismo que provoca esta admiración, tanto a los que tienen la capacidad de comprenderlo, como a aquellos que no han educado su sensibilidad a este tipo de apreciación. Sin embargo, el halo de magnificencia que encierra el quehacer creativo, es perenne y claramente estereotipado.

Este contexto y universo que encierra todo el quehacer creativo ( desde la creación de la obra, hasta su exhibición y observación, pasando por todo el cúmulo de experiencias que el creador desarrolla para llevar a cabo la obra final) ha convertido para muchos el acto de apreciación de la obra en un deleite egocentrista de carácter vanidoso que los eleva a un estrato cultural ( no social ) en el cual pueden llenar vacíos interiores por medio de la aceptación y la auto aceptación de un grupo elite, como puede ser el grupo o la elite de los intelectuales. El único fin que busca este espectador, es el de alienarse a ese grupo de personas que llenarán su vanidad considerándolo conocedor del tema en cuestión. De esta forma, los personajes de la parábola se definen y entramos a observarlos para poder analizar de forma mas precisa, como y porqué cada uno es y que tiene que ver todo esto con la apreciación del arte.

2 comentarios para “La parabola del Sastre y la Apreciacion del Arte”

  1. Mundo Artistico escribió

    Me parece interesante la parabola porque he de comentar de la misma si esto me haría el adulador….

    • artepancarta escribió

      la idea no esta en adular o no adular y si la persona adulada es, o no es un payaso o farsante. La idea esta en la honestidad
      de quien profiere una propuesta expresiva, ya sea del lado del espectador como del lado del creador. Como se menciona en dicho articulo, la importancia no estriba en lo bueno o malo de la obra (eso es infinitamente relativo) sino en la calidad y certeza con que se lleva a cabo su apreciacion y ejecucion. Poco cimiento y poca sustentacion existira en quien por miedo a discernir con criterios propios termina por adular sin entender, sentir o conocer sobre lo que adula y en quien por querer lograr un estatus “en el oficio del arte”, se convierte en coleccionista de tendencias, juicios, prejuicios y culturas. Los talentos no son propios de los artistas. Debe ser una condicion humana.

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