La Galeria del Terror
Publicado por artepancarta en Noviembre 27, 2008
La Galería del Terror
Caca de Elefante
La otra vez, visitando una exposición de escultura en el Museo de Arte Contemporáneo Carlos Mérida vagué, como suelo hacerlo en ese lugar cuando hay exposiciones particulares, entre los pasillos y las distintas salas destinadas a obra permanente que representan de una u otra forma un recorrido histórico de artistas Guatemaltecos a lo largo del siglo XX. Fue entonces cuando me topé con lo que llamaría la Galería del Terror: Un pasillo en forma de escuadra que mostraba obra de Quiroa, Margarita Azurdia, Zipacna de Leon, y Goyri entre otros; y ante la pregunta sobre si la curaduría había obedecido a ese fin (es decir, imponer el terror) no pude dejarme de asombrar ante tan sombrío espectáculo del arte plástico. Me pregunto: ¿Qué fin cumple ese tipo de obra como muestra y referente artístico de una cultura? ¿Cómo es que ese tipo de obra puede llegar a ocupar los espacios de un Museo de Arte Contemporáneo? Razones seguramente existirán muchas. Razones ambiguas y parciales como todas aquellas que han servido para formar los últimos referentes del arte a nivel mundial. El Arte de hoy en día sufre de una protagonitis imperante. Ese síndrome que se sufre cuando la obra vale mas por el nombre que por su esencia intrínseca.
Esta obra de la que hago mención, únicamente se ha ganado su lugar en el museo por el peso del nombre de sus autores aunque las mismas autoridades del lugar lo nieguen. Me pregunto: ¿Es esa la única razón válida para que sirva de referente de la creación plástica de una cultura?. Si me siento a discutir con aquellos que apoyan estas obras, estoy seguro del discurso kilometrál y socio antropoluto que me darían para justificarlo. El punto es sencillo. Esa obra nunca por sentido común seria colgada en una galería. Por que es horrible (disculpe si únicamente juzgo con bonito y feo) y solo puede tener valor bajo toda una estructura sostenida por el contexto social, cultural, histórico, ambiental, espacial, filosofal, y todas las demás pluripajas que gustan salir de la boca de los mas acuciosos y estrictos catadores del arte.
De esto lo he hablado en artículos anteriores. (léase Horror Vacui)
¿A que voy con todo este discurso hepático?. Al error fatal que se comete cuando el arte vale mas por el nombre del artista que por la calidad y la esencia que contiene. Esto termina por volverlo un elemento sucio. Cuando el artista se convierte en una vaca sagrada y se permite la autoridad de no seguir creciendo, reinventantarse y hacer lo que quiere por que sabe que será aclamado y admirado sin razón, se vuelve un objeto idolátrico que pierde su valor principal para únicamente convertirse en un nuevo dios al cual se le aplauden sus errores e incapacidades. En un héroe imaginario. Los galeristas gustan de ello. De endiosar. De apadrinar. De elogiar. A sabiendas que la obra se petrificó. El público se siente ignorante. El artista se muestra presuntuoso. Lo ridículo es que todos quieren parecer inteligentes si es que ser inteligente tiene valor alguno para el propio egocentrismo. Cuando veo obras de ese tipo colgadas en un Museo de Arte Moderno no puedo negar sentir una profunda decepción y rechazo por esa nueva religión llamada Arte. Y como religión, el arte ha creado sus dioses y santos, sus mártires y dogmas. Sus imposiciones y castigos. Sus premios y condenas. Sus propios santuarios (véase el creado a Carlos Mérida donde solo hace falta colocar velas bajo su mesa de dibujo y pedirle favores y milagros) Sus grandes sacerdotes, galeristas, críticos de arte etc. se encargan de evangelizar sobre su doctrina. Con demagogia soluta y perfumada. Palabras aromatizadas con colores líricos y extraños. Intelectualizaciones que encriptan nada y analogías que recorren el mas infinito listado de nombres de intelectuales que puedan apoyar, entre mas mejor, aquello que ellos ven en el artista. La religión del arte termina siendo repugnante cuando sobre todo se le considera como una virtud humana. Cuando esta no hace mas que mostrar una de las caras mas egoístas del ser humano individual. Y el problema no es que ser egoísta sea malo, si es que vale la pena radicalizar entre bueno y malo. El problema es que según sus propias leyes, el arte se vende como un acto altruista y sublime del ser humano. Un representante de la sociedad. ¿?
La galería del terror esta ahí estimado lector. Puede verla en el Museo de Arte Moderno Carlos Mérida. Vea y por favor comparta su opinión. Le aconsejo incluso no ver los nombres para no dejarse influenciar. Salta a la vista. Y si no le parece así, enhorabuena, disfrútela que para eso esta.
Como nota vale la pena considerar el caso de Damián Hirst quien acaba de hacer historia al vender su obra por varios millones de dólares en Sothebis. ¿Significa eso algo? Como sabiamente han dicho otros, no es mas que Caca de Elefante, que en efecto también ha sido subastada en forma de lata en las mejores galerías de Arte. Lo único que queda es no participar del juego que otros juegan.