Este año en su 16 edición la Bienal de Arte Paiz hizo un giro de 180 grados con respecto a su estructura e interfase al público, así como en su logística y selección de obra que de muchas formas, ha dado de que hablar tanto para bien como para mal. Creo que si todo cambio es para bien, hacer un juicio en este momento sobre si ha sido o no ha sido acertado este cambio, es todavía muy temprano. Creo que será hasta dentro de unos años, luego de ver hacia donde evoluciona, que podremos decir algo al respecto.
Por otro lado, creo que sí se hace menester hacer algunas observaciones con respecto a la obra concursante, la cual sí tiene mucho que debe de ponerse en tela de juicio, sobre todo si esta obra expuesta representaba parte del cambio que la bienal quería mostrar o aspiraba lograr evolucionar.
Lo resumiré con el titulo de este artículo. Ha sido una Bienal renovada con ideas viejas y muertas. La otra vez analizábamos con un grupo de artistas sobre el tema, y concluíamos que ya es hora de enterrar muchas preconcepciones, juicios y paternalismos en el quehacer artístico que solo están propiciando el estancamiento en la expresión artística y por otro lado, mostrando una propuesta totalmente contaminada de clichés “vanguardistas”, ideológicos y demagógicos. Muestra de ello pudo verse en casi un 80 por ciento de la muestra de la Bienal. Obra estancada, enclicherada o simplemente recurrentemente monótona.
Me pregunto: ¿Cuándo dejaremos de seguir incubando el mismo huevo que empollamos hace 20, 30 o 40 años? ¿No acabarnos la sopa para no probar otro plato? Decepciona ver que luego de 20 años en que de nuevo surgía un atisbo de vanguardia en el medio artístico, se siga repitiendo lo mismo como si fuera una condena o un karma creativo entre los artistas. Mucha de la responsabilidad (si no es que toda) radica, como desde décadas atrás se fue desarrollando el fenómeno en otras sociedades, en que se ha excluido de la estructura mediática del arte, al publico y observador común de la obra. Ahora para el artista no existe mas público que el crítico el curador. De pasar a ser un trovador de la gente, se convierte y aspira a ser el arlequino del rey, para el rey y su corte.
La bienal cambio todo su disfraz y su uniforme, pero siguió manteniendo el mismo cuerpo y la misma mente. Un cuerpo ya viejo y enfermo. Los mismos intereses y los mismos vicios. Una demagogia que ya en este tercer milenio, es obsoleta, marchita, árida e infértil. No significa esto que los artistas de antes ya no pueden proponer. Tampoco significa que los nuevos artistas son los únicos que pueden proponer. Significa que el mensaje, la expresión y los medios para expresarse deben evolucionar a la misma velocidad con que evoluciona el público al que pertenece esa sociedad en la cual se ve sumergido el artista o el expresador. No podemos como artistas seguir cantando un mensaje de hace 15 o 30 años mientras ahora ya no se canta y ya no se buscan mensajes. Sin embargo, cuando el mensaje no es mas que un tiro dirigido un grupo reducido y especifico, podemos seguir cantando la misma canción, con que años atrás seducimos a la novia.
De esto resumo algunas de las obras que llamaron mi atención por la falta de concepto, temática y calidad, así como creatividad, profundidad, estudio, profesionalismo y un sin fin de etcéteras que no hacen mas que dejar ver ese aridez e infertilidad en la propuesta que hoy en día aqueja el panorama expresivo en Guatemala y que solo encuentra sustento en el apellido del artista, en los premios ganados en certámenes anteriores o en racionamientos intelectualizados que como la obra que describen, no dicen nada. Algunas de estas obras:
El video de una mujer que se deja patear durante unos segundos para mostrar algo ???
Largos lienzos de tela colgados manchados de sangre que luego dieron de que hablar por los mojigatos intentos de censura de uno de los espacios de la Bienal.
Colecciones de fotografías de cualquier lugar de Guatemala que no dicen nada. Para ello basta con ver el periódico. Fotografía vana.
¿Una balanza con un reloj?
Un video de dos personas atadas jalándose de un lado a otro.
Un lienzo en blanco al que el artista le arrojó piedras con pintura untada que luego fueron puestas en el mismo orden en un manto en el piso.
Un trofeo con el tema recurrente, oportunista y liviano de la guerra.
Un muro con palabras calcadas hablando sobre la culpa
Un semi-volcán de papel estrujado y arrugado diciendo nada.
¿Un charco?
Intelectualmente o racionalmente, pueden justificarse este tipo de obras. Como ahora todo es válido entonces queda en desperdicio la discusión. Todo es válido cuando resulta que se ha roto el paradigma de que el arte tiene que ser algo. Cuando se le da al arte el pasaporte diplomático de ser una expresión libre, todo puede caber. Todo puede valer. Se vuelve el objeto de consumo fashion para las galerías y los curadores. Su propio objeto del deseo. Resulta que la vanguardia lo implica todo y sirve para todo, entonces todo es válido. Todo se vuelve una marca y se puede explotar. Sobre todo el nombre del artista. Su instrumento eterno del ego. El ego, como instrumento del quehacer artístico. El público como el esclavo espectador que tiene que conformarse con las migajas. Con las sobras. Con las costillas del ternero. Esto sucede así cuando se excluye olímpicamente al publico y real espectador de la obra. Cuando el valor de la expresión solo queda a criterio del índice que apunta para arriba o para abajo. La dictadura total del arte.
El problema de la crítica del arte es cuando se intelectualiza y se racionaliza con emblemas de otras culturas, tiempos o pensamientos. En un país analfabeta culturalmente como Guatemala puede ser lógico que lo que se muestra pueda convencer. Ese precisamente debe ser el Karma que se debe erradicar, enterrar o desterrar. Me pregunto a veces, ¿ya le gustó al arte de Guatemala vivir narcotizado?
Pareciera que luego de esta bienal, nos seguimos mostrando al mundo y a nosotros mismos como una cultura primitiva, provinciana e ingenua de la cual, solo puede sentirse admiración por su folclor inocente y descontextualizado. Ignorante sobre lo que le esta pasando frente a sus narices en este momento. Todo esto gracias al paternalismo artístico.
Finalmente, es necesario aplaudir a ese otro 20 por ciento de la obra en la Bienal que SI esta demostrando una mirada más fresca y limpia hacia donde proyectar la expresión humana.